Manifiesto de la Arquitectura Multisensorial

enero 5th, 2003

Una nueva casa en la ciudad de Caseros -Buenos Aires- inicia un experimento con la obra arquitectónica de su propio edificio. Experimento que plantea la posibilidad de crear nuevas formas no visuales. Formas de lo táctil, de lo auditivo, de lo olfato-gustativo y de lo vestibular.
Desde el renacimiento hasta nuestros días la cultura arquitectónica occidental ha privilegiado el sentido visual en desmedro de los demás sentidos. Se desarrollaron y aún predominan los sistemas de representación fundamentalmente visuales como planos, revistas, libros, cine, televisión o internet. Dichos sistemas dificultan proyectar una salida para que el mediatizado arquitecto contemporáneo deje de privilegiar el sentido visual e incorpore nuevamente los demás sentidos a sus obras.
Volviendo a la necesaria experiencia corporal y material redescubriremos “poemas para los sentidos” en la arquitectura de Machu Pichu, la Alhambra de Granada, las casas-jardín japonesas, las casas-patio de Teotihuacan, o la casa llamadas “chorizo” del río de la Plata. Sólo recibiendo de la arquitectura percepciones multisensoriales verdaderas, del renacer de la sensación como forma de conocimiento, del volver a emprender el encanto de proyectar la arquitectura desde lo sensible, se reconsiderará la arquitectura como un arte.

Esta obra fue comprendida como ejemplo de una arquitectura cuya principal función es la multisensorialidad, es decir, estimular la relación entre la obra y el receptor con límites y cosas susceptibles de impresionar nuestros sentidos.
Esta obra no quiere ser más que una expresión de estas intuiciones e intenciones. Incorpora el cuerpo para que desde los primeros bocetos, el hilo conductor de la integración plástica sean los sentidos.

El terreno de la casa es pequeño -8,66×22- y cerrado entre tres medianeras altas, pero a base de trabajar la forma desde el material, de muros inclinados para abrir o cerrar lugares, del diálogo sensorial entre el interior y el exterior, del techo-jardín escalonado, se ha intentado lograr no solo causar la sensación de una mayor amplitud sino el objetivo principal: la integración de todos los sentidos corporales -visual, táctil, olfato-gustativo, auditivo y vestibular- a la experiencia de la obra.

La casa -de una sola planta- es un laberinto fenomenológico de patios, jardines y rincones múltiples. En su materialidad predominan, materiales naturales seleccionados de acuerdo a la profundidad de su sustancia y a la apariencia de su superficie. El sentido de la materialidad fue la búsqueda del diálogo oportuno y justo entre la cantidad y el peso, con la textura, el aroma, el sonido y el color de cada material. Consecuentemente, el grano de la textura se suaviza, la temperatura se eleva, el aroma se intensifica, y el sonido se transforma en susurro a medida que nos acercamos a lugares más íntimos. Se intenta, como un afinador de instrumentos, templar el murmullo del agua de lluvia que se toma de la cubierta y se vuelca en cada patio. Se busca que la luz natural vertical -material imprescindible- coloree por reflejo y a través de lucernarios lugares que además de cualificar múltiples centros, inunden con densidad casi líquida.

Hay un atractor como verdadero centro geométrico. Es el lugar para reunirse la familia y amigos, para la carne asada, la mesa para conversar, nuestro corazón cultural: la cocina comedor. Cercano vigila nuestro tótem contemporáneo, el televisor, el mobiliario moderno que desplazó la chimenea como centro.

La terraza-jardín escalonada es una plataforma de madera de quebracho continua y calada por patios y lucernarios. Entre desniveles asoma vegetación aromática mientras la intensidad sensorial, secretista, de tortuoso laberinto topológico aisla lugares y rincones para el gozo, la intimidad y lo doméstico.

En el experimento de esta casa el total de la construcción fue realizado en el mismo lugar, sin planos ni maquetas exactas. Arquitecto, escultor y cliente son una misma persona que hace todo junto, que proyecta, que dibuja, que selecciona y compra los materiales, que construye junto a decenas de operarios sensibles, que lo amuebla y lo habita. Esperando que el viento, el sol y la lluvia deje sus marcas. Nada nuevo aunque a veces olvidado, nada muy preciso y maquinizado, dejando que la mano lo haga un poco desprolijo, pero más verdadero, más humano.

Como toda obra verdadera es fundamental experimentarla. La presencia física es insustituible. Por eso la heterogénea multiplicidad de espacios y experiencias sensoriales en las que se resuelve la casa solo se pueden representar parcialmente y es necesaria la experiencia de recorrerla, tocarla, olerla, escucharla…

Cuando digo que toda esta arquitectura es un experimento, una investigación construida, no quiere ser más que esto. Un experimento con el fin de rescatar, nuevamente, dentro de la arquitectura contemporánea globalizada, el arte de proyectar lugares multisensoriales sin caer en un decorativismo escenográfico o estudios de “efectos”.

Y aunque persista el misterio de como lograr la “emoción” plástica en una obra de arte, la misma quiere ser la expresión de una libre voluntad de creación que -sin negar otros valores- intenta despertar una concepción que celebre la belleza del mundo desde lo sensible.

Si los seres humanos estamos cautivos de los patrones perceptivos de la cultura en las que estamos insertos. Si culturas diferentes implican mundos sensoriales diferentes y consecuentemente arquitecturas diferentes. Busquemos que lo sensible permanezca y lo que no queda de los sentidos, que forme nuestra cultura.

Carlos Rubén Cárdenas
Arquitecto
Enero de 2003

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    El orden convive con el caos, los opuestos se concilian y surge el sentido.
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    Inicio, preparación y el centro al final, silencioso…
    Arquitectura, poema para los sentidos.

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